Patrice Lumumba — 81 días en el poder

81 días como primer ministro del Congo. La Guerra Fría, los intereses mineros, la traición. Una historia sin cerrar.
Documental histórico de 1960 con micrófonos de prensa de Patrice Lumumba

El 30 de junio de 1960, durante la solemne ceremonia de independencia de la República Democrática del Congo en el Palacio de la Nación de Léopoldville (hoy Kinshasa), el rey Balduino de Bélgica pronunció un discurso condescendiente en el que ensalzaba «la obra civilizadora» de su tío bisabuelo, Leopoldo II. El protocolo diplomático no contemplaba la intervención del recién elegido primer ministro congoleño, un antiguo empleado de correos de 34 años con gafas de concha y elocuencia volcánica. Su nombre era Patrice Émery Lumumba.

Lumumba subió a la tribuna sin previo aviso y pronunció uno de los discursos más trascendentales del siglo XX: «Ningún congoleño digno de ese nombre podrá jamás olvidar que la independencia se conquistó con una lucha diaria de lágrimas, fuego y sangre, una lucha en la que no escatimamos fuerzas ni sufrimientos ante las humillaciones y el trabajo forzado al que fuimos sometidos». Aquel día selló su destino político y, trágicamente, su sentencia de muerte.

81 días de asedio total

La experiencia de gobierno de Patrice Lumumba duró apenas 81 días antes de ser depuesto por un golpe militar. Aquellos tres meses comprimieron todas las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría y los intereses económicos del extractivismo colonial:

  • La rebelión de la Force Publique: Apenas cinco días después de la independencia, las tropas coloniales belgas se amotinaron al constatar que la oficialidad blanca pretendía retener el mando militar efectivo.
  • La secesión de Katanga: Moïse Tshombe, respaldado financiera y militarmente por la todopoderosa compañía minera belga Union Minière du Haut-Katanga, proclamó la independencia unilateral de la provincia más rica en cobre y cobalto del país.
  • El laberinto de la Guerra Fría: Desesperado ante la inacción de las Naciones Unidas para restaurar la integridad territorial congoleña frente a los mercenarios europeos, Lumumba solicitó apoyo logístico a la Unión Soviética. En Washington y Bruselas sonaron todas las alarmas: Lumumba fue catalogado de inmediato como una amenaza comunista existencial en el corazón de África.

«La tragedia de Lumumba no fue su radicalismo, sino su profunda ingenuidad institucional: creyó que el derecho internacional y la soberanía popular bastaban para frenar los intereses de las multinacionales mineras y las potencias atlánticas.»

El magnicidio y una herida abierta en la memoria

El 14 de septiembre de 1960, el coronel Joseph-Désiré Mobutu ejecutó su primer golpe de Estado. Lumumba fue puesto bajo arresto domiciliario, capturado semanas después en su huida hacia Stanleyville, golpeado con saña y trasladado en avión a Katanga, donde fue entregado a sus enemigos más encarnizados.

La noche del 17 de enero de 1961, Patrice Lumumba y sus dos compañeros de martirio, Joseph Okito y Maurice Mpolo, fueron fusilados ante la presencia de oficiales belgas. Para borrar cualquier rastro de martirio o peregrinación, sus cuerpos fueron desenterrados días después y disueltos en ácido por el comisario de policía belga Gérard Soete, quien conservó un único diente dorado como macabro trofeo colonial durante más de seis décadas.

La restitución de ese diente por parte del gobierno belga a la familia de Lumumba en junio de 2022 evidenció que la historia no se ha cerrado. El asesinato de Lumumba abrió paso a tres décadas de cleptocracia bajo la dictadura de Mobutu y a una espiral de desestabilización en el Congo cuyas consecuencias mineras y geopolíticas continúan vivas en la actualidad.

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